• C.Romero

Desafíos de super papás

Ser madre de por sí es un gran desafío. No es algo en lo que uno se pueda “entrenar” con anticipación, sino que se va haciendo camino al andar. Cuánto más, cuando sin experiencia, y aprendiendo a ser mamá paso a paso junto a tu hijo, descubrís que tu tarea no va a ser igual a la de otros papás, porque él necesita mucho más de vos.

Con el paso del tiempo advertís que vos también necesitas más de vos: más aceptación, flexibilidad, paciencia, apertura, entre tantas otras cosas.

El camino del diagnóstico no es fácil. Uno va percibiendo que algo en su hijo no anda del todo bien, y aunque a veces nos cuesta verlo o aceptarlo ante los demás, internamente lo sabemos.Eso nos genera por un lado tristeza, porque no entendemos por qué le pasa esto a nuestro hijo, y por otro lado miedo, de no saber si va a estar bien, de no saber si vamos a saber cómo cuidarlo, de no saber si podremos ser lo suficientemente buenos para ellos.

Por momentos yo sentía que tenía que estar estimulando a mi hijo constantemente, sino no sería lo suficientemente buena. Me costaba permitirme con él los momentos de mero disfrute, sin necesidad de pensar si eso que estábamos haciendo le estaba enseñando algo. Fue transcendental, sin dudarlo, la ayuda terapéutica para lograr comprender que yo era la mamá de Franco y no su terapeuta o una maestra 24 horas. Fue el primer paso para poder sentir un poco de alivio y reubicarme en mi rol.

¿Cuándo va a gatear?, ¿cuándo va a caminar?, ¿cuándo va a hablar?

Preguntas, preguntas y más preguntas que no paraban de rondar por mi cabeza y de ejercer presión. Presión en él, porque ponía como parámetro a los otros chicos. Presión en mí, porque tal vez yo no estaba haciendo todo lo necesario para que eso sucediera en el tiempo esperado. Aunque, ¿en el tiempo esperado por quién?

Fue ahí cuando pude darme cuenta de mi error. Y nuevamente “reprogramé” mi cabeza y mi corazón. Lo despojé de tanta presión y de tantos parámetros y pensé:“este es mi hijo, y lo amo tal como es, y voy a estar a su lado pase lo que pase; quiero conocerlo, quiero descubrirlo”. Y dejé de estar tan pendiente de los tiempos. Dejó de importarme cuan cerca estaba de alcanzar a los otros chicos y empecé a concentrarme en cómo se iba superando a si mismo.

Recibir finalmente el diagnóstico es un golpe durísimo, o por lo menos lo fue para mí. Es muy difícil de explicar. Que te digan que eso que le pasa a tu hijo tiene un nombre, al principio intenta con mucha fuerza confundirse con el nombre y con el rostro de tu hijo.

Ese día, ese famoso día del diagnóstico, y los subsiguientes, yo miraba a Fran y lo veía desdibujado. Me costaba ver al nene que había visto el día anterior. Todo el caudal de información recibida pasaba como una película en mi cabeza mientras miraba a mi pequeño Franco. ¡Y eso me daba bronca! Me revelé contra eso y decidí que ese nombre “síndrome de Rubinstein Taybi” no iba a cambiar la imagen que yo tenía de mi propio hijo. Y me dije a mi misma: “es Franco, es el mismo Franco que el día de ayer, y así debo seguir tratándolo y por sobre todo, debo seguir confiando en él y en sus capacidades igual que ayer”.

En más de una oportunidad al concurrir a algún turno médico me tocó escuchar hablar a los doctores y decir “es un Rubinstein”. Esa frase calaba muy profundo en mi corazón. He llegado a irme, no sin antes decir: No, no es “un Rubinstein”, es un nene y se llama Franco.

Nadie dice que es sencillo, hace falta trabajo, mucho trabajo en uno mismo, para poder comprender, para poder aceptar, para poder explicar a los demás. Estos son algunos de los desafíos que nos tocan superar a nosotros, los “super papás”.

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Padres x Rubinstein-Taybi tiene como objeto brindar un servicio a la comunidad y no persigue fines de lucro.

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